¿Qué ocurre con nuestras llaves y cerraduras al cumplir su vida útil?

Todo llega a su fin; aunque usemos los mejores materiales y las mejores prácticas de fabricación acompañadas de un programa de mantenimiento adecuado, nada es eterno y tampoco lo son nuestros dispositivos de seguridad.

Una cerradura, de media, puede tener una vida superior a los 20 años. Una llave, con suerte, puede tener una vida útil similar, si no la extraviamos antes, por supuesto.

Pero resulta bastante probable que durante esta vida útil se realicen actualizaciones totales o parciales de algunos de sus elementos y que la mayoría de ellos no puedan ser reutilizados. Pero esto no implica que no conserven cierto valor.

En la Unión Europea, como ejemplo destacado, existen códigos de buenas prácticas en el sector de la cerrajería en barcelona que norman y regulan la disposición de los residuos generados por las actividades en éste ámbito.

Las cerraduras y llaves, especialmente aquellas de gran calidad, están fabricadas usando aleaciones metálicas que pueden ser muy valiosas. Los metales ferrosos pueden ser recuperados para fabricar aceros de alta resistencia.

Por otra parte los metales no ferrosos como el zinc, el cobre, el estaño o el cromo pueden ser recuperados a partir de las mismas con menor esfuerzo y energía que la necesaria para obtenerlos en una mina.

Muchos países, especialmente en el sureste asiático, se han especializado en ésta clase de actividades de recuperación, y reciben el material descartado a través de empresas de recuperación de materiales de todo el mundo.

Es importante resaltar que algunos de los residuos de estas actividades entran en la categoría de basura electrónica; como las cajas de seguridad electrónica, las puertas automáticas fotoeléctricas y las cerraduras con lectores magnéticos.

De este tipo de desechos pueden obtenerse materiales valiosos y raros como el cadmio, el teluro, la plata, el platino o el selenio, todos con gran valor en el mercado de recuperación de metales pues se utilizan como materias primas en la fabricación de nuevas baterías, circuitos, componentes y paneles solares.

Los beneficios de estas buenas prácticas no solo se limitan a la recuperación de materiales a un costo inferior al de su extracción, sino que repercuten positivamente en la reducción de los residuos que de otra forma irían a parar a los rellenos sanitarios de todo el mundo.

Los retos que tiene el sector de cara al futuro no son triviales. El auge de la electrónica dentro del ámbito de la cerrajería ha aumentado la complejidad de los dispositivos dificultando así la separación de los componentes para su adecuada disposición.

Por otra parte la cantidad de desperdicio generado tiende a aumentar, no solo por la rotación mayor por actualización tecnológica sino por el uso de baterías recargables que deben ser reemplazadas con cierta frecuencia.

Estos son algunos de los retos que el sector debe encarar durante el presente siglo, todo con el objetivo de lograr que las actividades relacionadas con el mismo tengan el mínimo impacto posible en el medio ambiente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *