¿Palabras vacías?; de la Responsabilidad Social Empresarial a la Sostenibilidad

Cuando la idea de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) se convirtió en tendencia hace unos cuantos años, tenía objetivos valiosos. Sin embargo ahora no es más que un argumento de mercadeo de las empresas.

Originalmente, la RSE alentaba a las corporaciones a considerar el impacto de su negocio en la sociedad, lo que proporcionaba a sus consumidores y clientes, argumentos para apoyarla.

Pero entonces, ¿cuándo fue reemplazada la Responsabilidad Social Empresarial por la retórica de la “Sostenibilidad Corporativa”?

Al igual que con muchos aspectos del negocio, los innovadores y los pioneros tenían un claro entendimiento de lo que estaban haciendo y por qué.

Sin embargo, para el momento en que la nueva práctica aparece en los manuales empresariales, se va convirtiendo en una moda pasajera que debe seguirse sólo con el propósito de mantener una cuota de mercado.

Así pues, la RSE ha seguido el camino de términos como la garantía de calidad (Quality Assurance, QA). Ambas se han reducido a auditorías con el objetivo de permitir a las empresas demostrar que no son peores que sus competidores.

Lo mismo está ocurriendo con la sostenibilidad. Hemos llegado al punto de hacer una especie de “Contabilidad de la Sostenibilidad”.

En lugar de reconocer que todas las actividades humanas tienen impactos y asumir responsabilidad por estos, la contabilidad de la sostenibilidad utiliza un conjunto limitado de indicadores de desempeño que pueden ocultar los problemas reales.

Las organizaciones que compiten entre sí en cualquier ámbito, desde las tiendas minoristas hasta los gobiernos, compiten por ser más “sostenibles” que los demás.

Vemos discusiones en redes sociales acerca de “liderazgo sostenible” o cómo “apalancar la sostenibilidad” en los negocios. Todo lo cual en el fondo es una completa tontería.

Mientras tanto, una nueva y lucrativa industria se ha desarrollado alrededor de la “consultoría de sostenibilidad” – sea lo que sea que eso signifique.

El Diccionario de la Real Academia Española define “sostenible”, en su primera acepción, como: “Que se puede sostener”, es decir que puede perdurar. Todos queremos perdurar, las empresas también.

Pero si alguna actividad no es “sostenible”, sea una empresa o toda una economía, por definición será “insostenible” y por tanto cesará en algún momento. No hay grados ni niveles en la sostenibilidad.

La segunda acepción, en el mismo diccionario, indica: “Especialmente en ecología y economía, que se puede mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente.”

Esta definición, aplicada a una actividad, parece tener que ver con la naturaleza de dicha actividad, siendo inherente a la misma. No es algo que pueda añadirse después, fruto de algún tipo de liderazgo político o corporativo.

Tenemos que empezar a responsabilizarnos de nuestro consumo de recursos y energía, del desarrollo social, de la salud de nuestra economía y de proteger nuestra biosfera vital. Desde el presidente de un país, hasta el más humilde cerrajero, tenemos esa responsabilidad.

Estas responsabilidades se extienden a través de las generaciones, y no podemos ignorarlas simplemente porque no estaremos presentes para que las generaciones futuras nos hagan rendir cuentas.

Si nuestros sucesores todavía son capaces de hablar sobre estos temas en 2100 entonces seguramente habremos sido sustentables – por definición.

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